Durante el gran apagón que afectó en simultáneo a Argentina, Paraguay y Uruguay, muchas personas se desesperaron por no poder cargar sus aparatos electrónicos; por no poder actualizar sus redes; e incluso por la falta de “datos” o conexión a internet. Esto nos llevó a preguntarnos: ¿cómo nos volvimos tan dependientes de la tecnología? ¿Quién es culpable de esto? ¿Podemos solucionarlo?
Todos hemos oído hablar alguna vez de las teorías conspirativas acerca de una posible dominación de la tierra por robots o humanoides en el futuro. “¡Los humanos seremos esclavos de la tecnología!” escuché decir una vez a un hombre en la calle hace no más de dos años. Ahora pienso en esa frase y dudo en si el verbo ser está dicho en el tiempo correcto. ¿Seremos esclavos? ¿Y si ya lo somos?
Partiendo de la aparición de las denominadas Tecnologías de la Información y la Comunicación, que refieren a los artefactos y redes de telecomunicaciones de primera generación que simplemente procesan y transmiten información de manera instantánea (como el teléfono, la televisión, la radio o el fax), el ser humano ha logrado facilitar sus tareas en todos los aspectos de su vida, principalmente el ámbito de la comunicación.
Con el tiempo éstas fueron evolucionando. Es así como surgieron las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTICS) y, desde entonces, no han parado de sorprendernos. Funcionan hoy como herramientas de transmisión, procesamiento y almacenamiento digitalizado de información gracias en gran parte al Internet (como los smartphones o las computadoras actuales).
Grandes avances de la ciencia, de la humanidad. Pero parece que nos hemos quedado atrás, ya que aún no aprendimos a hacer un uso responsable del mundo digital o cibernético que en el que se desarrolla la sociedad actualmente.
Por ejemplo, los padres hoy resuelven los problemas de crianza de los niños sentandolos frente a una pantalla. Los aparatos electrónicos se convirtieron en las niñeras de las nuevas generaciones. Es más fácil que hagan silencio si se encuentran hipnotizados por los brillantes colores y alegres sonidos de un dispositivo que buscando maneras más tradicionales para entretenerlos.
Los adolescentes, por otro lado, resuelven todo a través de Internet, aplicaciones del teléfono y redes sociales; tanto que terminan ellos siendo quienes les enseñan a los adultos nuevas técnicas de comunicación para agilizar e incrementar sus herramientas de navegación por computadoras. Así no sólo se pierde la comunicación interpersonal o "cara a cara" con el resto del mundo sino que nace la necesidad de un teléfono con libre acceso a la web para manejarse en la vida: sin el celular no saben actuar frente a un problema inmediato.
Un tercer ejemplo son las relaciones entre clientes y empresas o instituciones (privadas o públicas), las cuales se transformaron progresivamente hasta adoptar una forma enteramente digital. Es decir, si debés hacer un reclamo "tenés que ingresar en el sitio oficial web de la compañía y clickear en el link, -responden las secretarias- no presentarte en las oficinas para llevar a cabo el trámite"; ó para controlar los movimientos de tu cuenta bancaria simplemente debés entrar a internet.
La tecnología, lo digital, lo inmediato nos dominó a tal punto que olvidamos muchas veces cómo actuar en su ausencia. Y la culpa es enteramente nuestra.
Con la aparición de las NTICS dejamos que éstas nos faciliten todo sin preocupamos realmente por entenderlas. Comenzando por el hecho de que no leemos los manuales de uso o las bases y condiciones de las cuentas y aplicaciones de internet, podemos apreciar cómo ignoramos información clave para el manejo de estas herramientas.
En los últimos años se fueron ofreciendo nuevos cursos y charlas de orientación para el uso de las nuevas herramientas digitales y para la concientización sobre la seguridad en las redes sociales. Después de haber asistido a estos en varias ocasiones pude ver que la gente se sorprende al escuchar que "las redes sociales tienen derecho sobre el contenido que subimos a su plataforma y lo dice en las bases y condiciones que se supone leímos antes de aceptar".
Una forma de frenar con este problema es apartando a los niños del uso de aparatos electrónicos por largos períodos de tiempo; y no usarlos como niñeras sino como otro medio de aprendizaje.
Otra forma, que personalmente recomiendo, es asistiendo a los cursos y charlas que ofrece el gobierno o las instituciones para tener una noción básica sobre el correcto uso de Internet y los dispositivos. Son cortos, claros y brindan información muy importante para transitar el nuevo siglo.
Por último lo más eficiente es enseñar utilizando a las NTICS, no intentando evitarlas. Así es como aprendemos a manejarnos con mayor agilidad entre ellas, desde la escuela.
No es necesario eliminar la pantalla para eliminar la dependencia. Se necesita administrar el tiempo de uso y enseñar a utilizarla a nuestro favor o a actuar sin ella. Porque no podemos evitar que avancen, pero sí convertirnos en esclavos de las nuevas tecnologías.