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Columnas de Opini�n
Jazmín Ailén Huck
Jazmín Ailén Huck
Crecer aprendiendo de Internet
La infancia es esencial para el desarrollo del niño y determinante para su futuro.

Las nuevas generaciones crecen inmersas en un mundo de lo digital, en el que un celular resuelve casi cualquier problema. Y, a pesar de que los avances tecnológicos nos ayudan diariamente, causan diversos problemas en los niños que debemos tener presentes debido a la información que les transmiten.

Las nuevas generaciones crecen en un mundo de lo digital. Puede que más de una vez hayan escuchado la frase “nacen con un celular en la mano”, que hace referencia a este hecho en cuestión. Hoy en día, un niño es capaz de manejar un aparato electrónico con agilidad antes de, incluso, aprender a caminar o hablar.

En la actualidad, vivimos rodeados de pantallas y material audiovisual, ya sean programas televisivos o videos de “YouTube”. Nosotros, plenamente desarrollados, aprendemos a coexistir junto a los avances tecnológicos que cada día nos sorprenden y a adecuarnos al uso de los nuevos dispositivos y sus funciones. En cambio, los niños adquieren estas capacidades desde muy pequeños, lo cual trae consigo tanto beneficios como desventajas.

Por un lado, es claro que ellos no tendrán la necesidad de aprender a utilizar las nuevas tecnologías, dado que crecen con ellas y son parte de su entorno y su cotidianeidad. Los padres encuentran a estos dispositivos como una distracción y entretenimiento para los niños; una ayuda para la tarea más difícil que es la crianza. Pero a veces nos olvidamos que el acceso a internet de infantes puede traer consecuencias.

La infancia es la etapa que va desde los primeros años de vida del niño hasta la pubertad o pre adolescencia. En ese tiempo, se van desarrollando sus funciones tanto motrices (del cuerpo) como cognitivas (del conocimiento) y aprende a relacionarse con el mundo que lo rodea y quienes lo integran (sus pares).

El problema aparece cuando exponemos a los chicos a información que no está adecuada a su edad ni su madurez psicológica y emocional. Esto quiere decir que, al dejar al chico sólo con un video de internet sin supervisión, no nos damos cuenta que le dejamos la puerta abierta al resto de videos y, a su vez, a cualquier página que aparezca en la pantalla.

Nosotros, consientes de los distintos tipos de información que existen hoy en día y con la capacidad de elección de aquellos que preferimos, podemos navegar con responsabilidad dentro de la web. Por ejemplo, si en la pantalla nos aparece una publicidad con contenido pornográfico sabemos que no debemos ingresar porque probablemente contamine el dispositivo con un virus o nos robe datos personales.

Los niños, en cambio, ingresarían a la página movidos por la curiosidad que esta genera, ya sea por sus colores, sus sonidos, o incluso el “morbo” de ver algo que les dijeron que no podían sin su debida explicación.

Ese es sólo un ejemplo de diversos casos que se dan todos los días y todo el tiempo frente a nosotros. En algunas ocasiones no creemos que sean graves o que requieran de nuestra atención, pero este tipo de actividades deben realizarse acompañadas de la supervisión de adultos responsables.

El hecho de que un niño aún no sepa leer o escribir no es impedimento para la adquisición de información, sino que lo hace más vulnerable. Esto sucede porque está en pleno desarrollo y se educará con aquello que vea en la pantalla, sea adecuado o no a su edad. Después, nos sorprendemos cuando un chico dice insultos que no comprende como si fueran algo gracioso; aprendió que eso le daba risa a las personas e intenta repetirlo dada su inocencia y lógica inmadurez.

Por otra parte, los chicos que están en la niñez y posterior pre-adolescencia (que saben leer y escribir) tienen doble capacidad de aprendizaje y, además, de análisis. Comienzan a cuestionar lo que ven, aunque sin las herramientas necesarias para diferir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.

En plena construcción de su personalidad, esto puede afectar tanto a su autopercepción como a la relación con sus pares. Si una chica se ve expuesta a imágenes de otras chicas con trastornos alimenticios sin el acompañamiento que necesita, tarde o temprano cambiará quien es para asemejarse a lo que aprendió que “está bien”.

Los pre-adolescentes (viéndose completamente expuestos a los medios, la web y las redes sociales) buscarán comportarse como “adultos” dado el conocimiento que adquirieron de manera ingenua de ellos a través de internet. Esto lleva a una posible pérdida de la infancia temprana con, por ejemplo, el consumo de alcohol o de drogas.

Transitando el camino de la madurez, tienden a dar pasos agigantados, se saltan etapas y acaban por replicar acciones o actitudes con las que aparentan ser mayores y, en realidad, muestra su inocencia y la falta de educación al respecto. Esto puede acabar tanto en adicciones y trastornos complicados como en el paso por experiencias no acordes a su edad.

Es imprescindible, reitero, que los niños crezcan en el mundo de la información rodeados de adultos dispuestos a guiarlos y enseñarles. La solución no es quitarles información por miedo a lo que aprenderán sino explicarles y mostrarles las múltiples realidades que existen. Así, llegado el momento, serán capaces de elegir qué camino tomar con responsabilidad e independencia y podrán disfrutar de una niñez sana y enriquecedora.

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