La identidad ha sido desde siempre fundamental a la hora de adentrarse en el mundo social. Representa quienes somos, de dónde venimos y a dónde pertenecemos.A su vez, nos educan en base a la cultura en la que nacimos, que adquirimos y nos diferencia del resto de las sociedades. A ésta la conforman nuestro estilo de vida, las costumbres, las tradiciones, el idioma o dialecto, los valores, las creencias, etc.
La necesidad de diferenciarnos del resto o de pertenecer a un grupo determinado nos invade y acompaña todo el tiempo y, por eso, cuando migramos de una ciudad a otra buscamos diferentes maneras para integrarnos. La principal es la transformación de nuestra identidad para asemejarla a la de la sociedad que nos recibe pero, ¿por qué?
Cada sociedad va desarrollando y modificando a lo largo del tiempo su identidad cultural, la forma en que se diferencia del resto de grupos sociales del mundo.
Esto se refiere a sus creencias, valores, costumbres, tradiciones que van mutando según la influencia del exterior (otras sociedades) y las nuevas realidades históricas de la comunidad en cuestión.
Junto a los nuevos conocimientos que adquiere la humanidad progresivamente, la identidad cultural sufre modificaciones pero sus bases perduran en el tiempo, por ejemplo: si todos los años se realiza determinada celebración tradicional en una fecha específica, puede cambiar el estilo de la fiesta pero no su significado ni su esencia.
Es un elemento cohesionador dentro de un grupo social, ya que los individuos desarrollan un sentido de pertenencia al mismo según las cualidades culturales que compartan entre ellos, lo que lleva a que se relacionen entre sí.
Por diferentes causas, ya sea por la situación socio-económica o política de la sociedad como por asuntos personales u otras, muchas personas deciden o se ven obligadas a emigrar.
Al adentrarse en otra sociedad, con una percepción distinta de la realidad, el inmigrante debe conocer la cultura del país receptor para poder relacionarse y, en muchas ocasiones, incluso llegan a asimilar parte de la misma por su influencia o como otro método de integración. Esto no significa un desplazamiento de su propia cultura, sino un equilibrio entre ambas.
Se habla de interculturalidad ya que las distintas culturas no sólo existen dentro de un mismo territorio, espacio o tiempo (multiculturalidad) sino que, a su vez, se da una interacción dinámica entre ellas: diálogo, reciprocidad, interdependencia, aspectos que derivan en una fuente de enriquecimiento mutuo.
Para que este concepto exista es necesario el desarrollo y puesta en práctica del respeto y la tolerancia por parte de la sociedad receptora. Esta debe brindar apoyo y recursos para el inmigrante y su cultura y no prejuzgar, discriminar o estigmatizarlo a causa de la misma. La aceptación debe provenir de ambas partes para que se produzca una relación enriquecedora y amena, se eviten conflictos y puedan coexistir en un ambiente sano y tolerante.
El hecho de que en el mundo actual todavía ocurran y persistan actos racistas (creencia de superioridad de una raza frente a otras), etnocentristas (creencia de superioridad de una cultura frente a otras) o xenófobos (rechazo u odio al extranjero) no es una noticia nueva para nadie, ya que todos hemos sido testigos o vivido en algún momento una situación de este tipo, siendo consientes o no de lo ocurrido.
La presencia de “el otro distinto a mi” puede generar conflictos por el rechazo de una de las partes hacia la otra. Esto se ve influenciado por los estereotipos que se crean en torno a determinada cultura y el nacionalismo extremo que fomenta los actos discriminatorios antes mencionados.
Dado el crecimiento de la migración en el corriente siglo, esto se hace más frecuente y crea obstáculos constantes en el camino a la interculturalidad.
Aún así, existen instituciones de apoyo y contención ante estos casos como, a nivel global, el ACNUDH (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos); el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) en Argentina; entre otros.
Para lograr ser una sociedad intercultural debemos educar en base a la inclusión y el respeto; a la aceptación de distintas realidades y el conocimiento de estas. Además, fomentar la empatía con el otro es esencial, teniendo en cuenta la situación del país que tuvo que abandonar el inmigrante o la suya personal, para poder ayudar o contener en caso de necesidad.
Es indispensable que se divulgue la diversidad cultural, sea esta nacional o internacional, ya que todas son diferentes e igual de importantes. No existe una percepción de la realidad verdadera y mucho menos única, por lo que cada una debe ser aceptada y valorada de la misma manera.