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Columnas de Opini�n
Diego Ignacio Lozano
Diego Ignacio Lozano
Laborem Exercens
"El trabajo es un bien para el hombre, porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza, adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en cierto sentido, se hace más hombre". (San Juan Pablo II).

El trabajo se entiende como el proceso mediante el cual el hombre somete a la tierra. En esta definición el hombre se presenta como el sujeto que domina la tierra. El dominio hace alusión al sentido subjetivo, que es el lado de la ética del trabajo. Es en donde se deben buscar las fuentes de la dignidad del trabajo.

El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre, el hombre está destinado y llamado al trabajo, pero ante todo el trabajo está en función del hombre, y no el hombre en función del trabajo. La finalidad del trabajo pertenece al hombre mismo.

Las visiones economistas y materialistas entienden y tratan al trabajo como una especie de mercancía, que el trabajador vende al empresario. La solidaridad es la reacción contra la degradación del hombre como sujeto del trabajo, y la explotación en el campo de las ganancias de las condiciones de trabajo hacia la persona del trabajador.

Se debe entender como progreso a una continuidad consistente en avances científicos y tecnológicos puestos al servicio de la incontenible e imparable mejora de la humanidad.

Aunque San Juan Pablo II tuviera una importante carga de asuntos que atender, nadie jamás lo vio con prisa. Trabajaba duro, pero sin tensión; y abordaba un tema a la vez, concentrándose plenamente en lo que hacía. Hasta cuando viajaba, el Papa llevaba dos maletas llenas de papeles con los asuntos diferidos, y sólo dormía después de acabar los pendientes del día.

(Editorial publicada en la edición mensual del periódico impreso elnordestino.com - Noviembre de 2018).


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