El Nacionalismo Real y la “Identidad Mundialista”
El Mundial de Fútbol se organiza cada cuatro años y despierta en las distintas comunidades el deseo de expresar y remarcar su identidad nacional. No importa dónde te encuentres que, si ese país participa del evento, tendrá a toda la sociedad vistiendo los colores de su bandera y organizando sus horarios para no ausentarse en ningún partido en el que juegue su selección.
Así también se escuchan por todas partes las distintas canciones que alientan al equipo y aparece la hinchada nacional: el grupo que nos une sin importar las diferencias que existan, ya que el objetivo es alentar a los jugadores hasta el último segundo del partido.
Este año el Mundial se desarrolla en distintas ciudades de Rusia
No solo actuará como país anfitrión, sino que también como punto de encuentro de múltiples sociedades y culturas; lugar donde convivirán personas completamente distintas entre sí, más allá del idioma o sus rasgos físicos: con otra forma de percibir la vida, otra realidad.
¿Qué quiere decir esto? Pues que, a su vez, tendrán una manera propia de expresar su identidad nacional, concepto que aparece en cualquier sociedad desde el simple hecho de poseer una bandera como símbolo patrio o un himno que les represente.
Ésta identidad es la relación que posee una persona con la nación a la que pertenece y está determinada principalmente por los elementos y hechos históricos que hayan sucedido en dicho territorio, los cuales fueron generando esa identificación por parte del individuo o la comunidad con su tierra ya sea natal o en la que se radica.
Claro está que las distintas sociedades van a encontrarse y mezclarse en algún momento dentro de un estadio. Es allí donde ocurre el principal intercambio cultural y donde se debe tener mucho cuidado, ya que no conocer las costumbres ajenas significa no poder interpretar cuándo se está ofendiendo al otro y las consecuencias que puede traer.
Es por esto que no se deben confundir el orgullo o el amor que se tiene a la propia nación con la defensa exagerada y extremista del mismo que pone a un país como “superior” y busca denigrar al otro.
Es una situación que suele ocurrir durante el encuentro entre dos hinchadas o grupos de diferentes nacionalidades; y es más frecuente si, además, poseen un dialecto o idioma en común, ya que si se entienden mutuamente, el intercambio de agresiones verbales puede ser mayor.
La presencia del Mundial se siente en todos lados
Más allá de esto, la presencia del Mundial se siente en cualquier lugar y reúne a familias amigos e incluso barrios o pueblos enteros que se juntan en un gran parque a ver el juego.
Por ejemplo, el pasado 26 de Junio se presentó un partido decisivo para la Argentina que determinaba si la selección pasaba a 8vos de final o regresaba al país natal.
Fue impresionante la manera en que las personas se pusieron firmes a alentar al equipo y no se apartaban de la pantalla de la televisión o de las redes sociales ni por un segundo, dado que todos buscaban estar al tanto de cualquier noticia de último momento que pudiera influir en el resultado final del juego.
Personas de todas partes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se reunieron en la Plaza San Martín, en Retiro, para ver el partido gracias a una pantalla que instaló el gobierno porteño como parte del programa “Buenos Aires Mundial”.
El diario “La Nación” publicó ese mismo día a la noche: “El grito del gol de Marcos Rojo estalló en la Plaza San Martín, en Retiro, con un ímpetu incontenible.
Y entonces, cuando faltaban apenas cinco minutos para que la selección quedara eliminada del Mundial, la multitud abarrotada allí para ver el partido contra Nigeria en una pantalla gigante vio renacer sus esperanzas.
Tres minutos después, el segundo gol de Croacia contra Islandia (en el otro partido del grupo) aseguró la clasificación a la segunda ronda y la plaza bramó de nuevo”.
Éste es el sentimiento que todos queremos que llene las calles en estos días.
Orgullo y Pasión por el Deporte
Un orgullo y una pasión por el deporte que, más allá de nuestras diferencias, permite que se vea lo mucho que tenemos en común y no opaca o denigra a nadie.
Su expresión no invisibiliza la imagen e identidad extranjera y logra que ambas convivan pacíficamente
Es más que alentar a un equipo o amar una bandera, es sentirse parte de la comunidad y poder demostrarlo con tanta emoción como respeto se merece, el mismo que esperamos recibir por parte de cualquier persona ajena a nuestra cultura; porque ningún país es mejor o peor que cualquier otro por el simple hecho de ser diferente.
(Artículo redactado por Jazmín Huck, Buenos Aires, Argentina, para elnordestino.com edición 54 - Julio de 2018).